Compañías de improvisación

Impro

Ya empezamos a ser unas cuantas las compañías de improvisación que nos subimos a un escenario y hacemos un espectáculo sin guion.

Reivindicamos de manera clara este tipo de disciplina teatral, y es que se rompe la cuarta pared y de repente el espectador se convierte en un activo principal del espectáculo.

Se precisa de la participación de los espectadores, que escriben frases de forma anónima, a veces solo escogen el título y en otras ocasiones hasta el género cinematográfico y/o estilo musical, todo ello para improvisar una serie de historias basadas en lo que sugiera el respetable.

Toda esta bonita e idílica historia de la improvisación teatral se inicia en Canadá, en los setenta. 

En octubre de 1977, los canadienses Yvonne Leduc y Robert Gravel se cuestionaran la posibilidad de crear un estilo teatral que se asemejase a la desmedida euforia que generan muchos deportes, desmenuzando el elitismo de las tablas. 

De esto ya hace cuarenta años que señores como Yvonne Leduc, Robert Gravel y Keith Johnstone idearon los primeros espectáculos de improvisación. 

Palabras para improvisar

Aún hoy en día, y más a menudo de lo deseable, he percibido el menosprecio de algunas personas que descalifican esta disciplina de diversas maneras y con diferentes versiones.

En resumidas cuentas sería un nada edificante: “eso no es teatro” y el vírico: “eso lo puede hacer todo el mundo”.

Es arduo y complicado explicar que, toda esa improvisación tiene unos fundamentos y sólidos pilares, que deben respetarse para poder crear las miles de historias que se desarrollan cada día en las tablas de una sala o teatro.

Teatro de improvisación

Primero, hay que tener una abertura mental, tener la mente en disposición de recibir cualquier idea.

Segundo, cuando llegue esa idea, no negarla, aceptarla como nuestra y crear desde cero.

En otras palabras, el actor hace suya la propuesta del otro para construir una escena, una historia, pero no solo eso, debe contribuir con nuevas ideas y creaciones para avanzar y reforzar la historia.

Tercero, hemos dicho que no se puede negar, pero hay excepciones, si la propuesta inicial es que quieren matarte, una negación es orgánica y comprensible,  además se convierte en parte del juego.

Una negación que no se entendería es si al iniciar la nueva escena, a mi compañero le asigno el rol de mi abuela y este me niega diciéndome que no, que no es mi abuela, que en realidad es mi tía de Albacete.

Esa negación chirría, resta interés, desconcierta al compañero y al público y no aporta a la historia.

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