Estamos improvisando

Son días muy duros, complicados y nuevos, y según nos van diciendo, u ordenando a base de decretazos, nos vamos adaptando a todo lo que viene, vamos, que estamos improvisando. Y es que no es posible hacer otra cosa.

Casi que desde que todo esto empezó nos hemos encontrado con multitud de cosas nuevas, sobretodo lo que se refiere a restricciones de la movilidad, todo aquello a lo que estábamos acostumbrados hace apenas tres meses ha cambiado de manera radical hasta el punto de sorprendernos a nosotros mismos haciendo y diciendo cosas que no sabíamos que haríamos o diríamos.

Vida improvisada

Y de esta manera tan forzada hemos aprendido a improvisar más de lo que seguramente nos gustaría, en el trabajo hay que improvisar medidas, hay que reinventarse, salen nuevas normas a las que hay que adaptarse de manera inmediata, en dos o tres días, si no menos, hay un cambio vinculante en nuestras vidas que l puede poner todo patas arriba, y nosotros, como sociedad, encontramos la manera de adaptarnos (unos más que otros también hay que decirlo) ya que hay personas que parece que todo esto no va con ell@s y se pasan por el arco del triunfo todo lo que llega desde los órganos de gobierno central.

Estamos improvisando al salir a la calle, con unas máscaras compradas o hechas a mano por alguien que ha puesto todo su talento y originalidad en un trozo de trapo que nos cubre parcialmente la cara, unos guantes aprovechados, que no son unos guantes de hospital, que tal vez sean los guantes de lavar los platos, improvisamos máscaras de plástico y de todos los materiales translucidos que se nos pasa por la mente.

Improvisamos maneras de ir por la calle de esquivar de poder preservar la distancia de seguridad con el prójimo, pensamos formulas para salir y. que estas sean legales, de no vulnerar las normas, o que al menos no lo parezca, para los más avezados, simplemente que no les pillen, por eso de que estamos improvisando.

Una prueba de vida

Espero que de todo esto aprendamos algunas cosas, a valorar ciertos aspectos de nuestra vida, como de maravilloso es poder salir la calle, abrazar a un ser querido, viajar, caminar sin miedo a ser contagiado por una enfermedad de la cual sabes que puede ser letal, ir a comprar sin tener que ir calculando mentalmente un metro y medio, un café en una soleada terraza, tomar una cerveza con un amigo con las confidencias que la acompañan y sí, como no, ir al teatro a que me transmitan sensaciones, que me hagan reír, llorar, pensar, que me hagan sentir vivo y no prisionero del día a día, nos queremos sentir libres de nuevo.

De aquí a unos años, espero que todo esto no sea más que una anécdota, que podamos explicar en una cena de navidad a nuestros familiares, hijos, nietos, sí hij@s, yo viví una pandemia y me tuve que quedar en casa confinado tres meses, con tu madre y vosotros muy pequeños, que la crisis económica que se desencadenó se superó con mucho esfuerzo, que la sociedad aprendió muchas cosas, a respetar más, a pensar más en el cambio climático y un largo etcétera de batallitas que dejen a tod@s incrédulos.

De la improvisación a la rutina

Lo que inicialmente empezó como una improvisación diaria, ir al súper, pensar como gestiono los tiempos, el teletrabajo, como pago las facturas, hacernos preguntas existenciales, ver las noticias por la televisión, oír parlamentos solemnes y solemnes tonterías, seguir instrucciones, lidiar con la confusión, agradecer con aplausos a todas las personas que han dado y dan la cara para repuntar la situación, llorar por cosas nuevas, canturrear canciones que se convierten en el estandarte de una situación, adaptarnos al dolor de la pérdida sin despedida, intentar comprender lo difícilmente comprensible, descubrir aplicaciones para establecer contacto con los tuyos, mirar la vida a través de las pantallas, hacer vida en el balcón y un largo etcétera de cosas que hemos descubierto, muchas de ellas, al final se han convertido en el día a día, en el temido día a día, con la persistente pregunta de: ¿hasta cuándo?

Hasta el gobierno improvisa

No hace falta que lo diga pero la falta de previsión, por muchos motivos, ha obligado al gobierno a improvisar soluciones, muy criticadas como norma, y es que una pandemia como la que nos ha caído, seguramente, era muy difícil de gestionar, que teniendo en cuenta, a fecha de hoy y seis semanas después de estar casi setenta días confinado, hombre, con un poquito de dialogo y escucha (algo imprescindible para la improvisación) pues se podría haber avanzado de otra manera, no sé si se hubieran evitado males mayores, está mal decirlo y es hacer ficción, pero escuchar propuestas y proponer para construir, pues que como que es mucho mejor, pero claro, estamos improvisando, unas clases para eso no les iría mal a algunos políticos.

Lo más difícil para improvisar

La perdida de un ser querido es lo peor que podemos improvisar, tener que sustituir ver y hablar con aquella persona por otra cosa que, sabes que no sustituye ese vacío, tener que hacer malabarismos con la mente para minimizar el dolor y poder hacer frente a la nueva vida sin ese ser con el que compartiste tantas cosas, es un ejercicio de vida sin igual, languidecer en la espera sin final, intentar no desesperar en el desasosiego, evitar que la tristeza te lleve a las orillas de la desolación, seguir solo por la calle que tenía su nombre, recordar su rostro, su voz, su gesto y echar en falta todo lo que ya no regresará, pues intentar improvisar en medio de todo este dolor es lo que le ha tocado a muchas personas, y seguramente tenemos conocimiento de algún caso.

Estamos improvisando, pero ya queda menos, abrazos con los codos, salud y fuerza