Improvisar es sano

Eres organizador de eventos y, como tal, valoras la preparación, la organización milimétrica, bueno no es por decirlo, pero en Improscritos no nos asusta la palabra ‘improvisación’, sabemos que a otro puede provocarle sudores fríos por sus connotaciones de falta de preparación y rigor, pues que sepas que improvisar es sano, va bien por diversas cosas que te quiero desgranar, así que insisto, improvisar es sano.

Saber improvisar puede considerarse un arte, si, si, un arte, aunque algunos no lo consideren así, de hecho, existe una técnica teatral basada en esta habilidad: la impro. Una forma de potenciar la creatividad y la espontaneidad a través de una creación grupal única e irrepetible, construida en el momento a partir de los impulsos e ideas de los participantes. La improvisación teatral se nutre del público y de sus reacciones.

Impro y felicidad

Los psicólogos nos dicen que para ser felices es necesario dejar sitio en nuestros planes para la espontaneidad, un concepto que Wayne Dyer, conocido como el escritor de la automotivación, define en su best-seller Las zonas erróneas del siguiente modo:

“Ser capaz de ensayar cualquier cosa de repente, tomando la decisión de hacerlo en un momento, simplemente porque es algo que te gusta y de lo que puedes disfrutar. Puedes incluso descubrir que no disfrutaste haciéndolo pero sí disfrutaste con el hecho de probarlo. Es muy probable que te ataquen diciendo que eres un irresponsable y un imprudente, pero, ¿qué importa la opinión de los demás si lo estás pasando maravillosamente bien descubriendo lo desconocido?”.

Así pues creo que está claro que improvisar es sano.

Por qué la improvisación es importante

La improvisación nos enseña a crear algo ‘in situ’, sin haberlo preparado (muchas veces sin haberlo siquiera previsto) y según unas circunstancias que nos vienen dadas. Una situación que se da con frecuencia en la vida. Así, la improvisación nos prepara para resolver problemas inesperados, y para adaptarnos con más facilidad a los cambios vitales (una capacidad que se conoce como resiliencia).

Improvisa

¿Cuándo fue la última vez que te olvidaste de lo que tenías planeado y te dejaste llevar por tu intuición? Si lo haces a menudo, enhorabuena, posiblemente serás una persona más feliz. Dejar espacio en nuestras agendas a la improvisación es un factor importante para tener una vida más agradable, pero paradójicamente, a menudo nos olvidamos de ello conforme nos hacemos adultos. La buena noticia es que la espontaneidad también se puede entrenar.

La improvisación en las artes escénicas

Más allá del actor que se queda en blanco y tiene que inventar algo para salir del paso, la improvisación es un género teatral que está cobrando cada vez más fuerza en los escenarios, más y más adeptos a esta disciplina tan divertida para algunos y tan terrible para algunos.

Historia de la improvisación

Comenzó en Estados Unidos en los años 40, aunque sus orígenes se remontan a la Comedia del Arte. En un espectáculo de ‘impro’, los actores y el público van creando la historia juntos, unos con su interpretación y otros con sugerencias sobre personajes, situaciones, etc. No hay escenografía ni vestuario. Nada pone límites a la imaginación.

Improvisación teatral

¿Significa eso que no necesita preparación? En absoluto. De hecho, la técnica de la improvisación requiere un entrenamiento específico, ya que el actor tiene que ser a la vez dramaturgo y director de sí mismo. Las clases de improvisación desarrollan la escucha, la atención, la imaginación y la aceptación de las propuestas de los otros. Pero lo que es mejor, estas enseñanzas son útiles también para la vida: te servirán a la hora de tomar decisiones, a mejorar tu confianza en ti mismo y en tu equipo y a reaccionar ante lo inesperado de una manera creativa. Cualidades que nos ayudarán a fluir y ser más espontáneos. En definitiva, a ser más felices.

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